“Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” (Mt 22, 1-14)
Jesús (e Isaías, en la primera lectura) compara el reino de
Dios con un banquete magnífico. En contraste con la generosidad de esta
invitación aparecen la indiferencia y el rechazo de los llamados.
La violencia de esa parábola resulta chocante en Jesús, que
siempre anuncia la misericordia del Padre (aunque una parábola es un relato muy
esquemático con trazos simples). Refleja, sin embargo, la realidad de nuestro
mundo, donde recursos para que todos pudieran vivir con dignidad, pero, por el
rechazo a los valores que Dios propone, se malogran las oportunidades de
compartir y se desatan muchas veces la guerra y la brutalidad.
A pesar del rechazo de los llamados, el banquete se sigue
ofreciendo, y con una generosidad que alcanza a todos, "malos y buenos". Es la misma benevolencia
del "Padre celestial que hace salir el sol sobre malos y buenos, y
manda la lluvia a justos e injustos" (Mt 5, 45), que ofrece su amor a
todos.
El "vestido de
boda" significa que la invitación nos compromete a algo. La gracia de
Dios es gratuita, pero no barata (como decía D. Bonhoeffer). El invitado
expulsado había desdeñado también el banquete, al presentarse de manera
negligente. Y su expulsión introduce la sentencia final del texto. Todos hemos
sido llamados, pero es necesario responder. El vestido habla, aquí, de actitudes
de vida. En esa línea, S. Pablo habla de "revestirnos” de una serie de actitudes: verdad, justicia (Efesios, 6,6-19), entrañas de misericordia,
bondad, humildad, paciencia (Col 2, 12). Finalmente, es revestirnos de Cristo
(Gálatas, tas 3, 27; Efesios 4, 24).
El Evangelio, en fin, nos llama a preguntarnos cómo
respondemos a la invitación que Dios nos hace para compartir la vida que Él nos
ofrece.
“En un reino lejano de Oriente, se encontraban dos amigos que tenían
deseo de saber sobre el Bien y el Mal. Un día se acercaron a la cabaña del
sabio Lang para hacerle algunas preguntas:
Anciano, díganos: ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?…
El sabio contestó:
– Veo una montaña de arroz recién cocinado, con variedad de manjares.
Alrededor hay muchos hombres y mujeres con mucha hambre. Los palillos que
utilizan para comer son más largos que sus brazos. Por eso cuando cogen el
arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas. La ansiedad y la
frustración cada vez van a más.
– Veo también otra montaña de arroz recién cocinado, con variedad de
manjares. Alrededor hay muchas personas alegres que sonríen con satisfacción.
Sus palos son también más largos que sus brazos. Aun así, han decidido darse de
comer unos a otros.”



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