“Venid a mí…” (Mt 11, 25-30)
Hace algunos domingos, escuchábamos cómo Jesús mira con compasión a las gentes, cansadas y abatidas como ovejas sin pastor (Mt 9, 36). Con esa misericordia, Él envía a los discípulos a la misión, y los llama a mantenerse fieles, a pesar de las dificultades que encontrarán. La palabra y los gestos de Jesús responden a la necesidad del ser humano y, sin embargo, con frecuencia encuentran resistencia, rechazo, indiferencia. Los sabios y entendidos , los doctores de la ley, y también los que se sienten seguros en sí mismos, se vuelven incapaces de reconocer los signos de vida, signos de Dios que hace Jesús (“ los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan…” Mt 11,5). Ante esa tentación, la de qeudarnos encerrados en nuestras ideas preconcebidas sobre Dios (o nuestros intereses, que una cosa puede ir unida a la otra), Jesús señala que “nadie conoce al Padre sino el Hijo” . Por eso son los pequeños, los que se acercan a Jes...







