“Obediente hasta la muerte… Jesucristo es Señor” (Flp 2, 6-11; Mt 26,14-27.66)
El Domingo de Ramos nos introduce en la Semana Santa, con la entrada de Jesús en Jerusalén, de forma humilde, y aclamado como aquél "que viene en nombre del Señor”. El Mesías no viene a caballo (símbolo del poder guerrero), sino con la fuerza del Espíritu, la fuerza de Dios Amor que se entrega y da vida, que salva. La aclamación de los que acompañan a Jesús anuncia una victoria que se va a realizar de forma diferente a como ellos esperaban, y con un alcance más definitivo. El relato de la Pasión nos introduce en todo lo que vamos a contemplar en estos días, para que lo meditemos, para que vayamos, día tras día y año tras año, entrando en el sentido de este Misterio que siempre es más profundo de lo captamos. Y que tiene relación con nuestras vidas, más de lo que percibimos. Se nos invita a una lectura pausada de la Pasión del Señor, para dejarnos interpelar por ella: por las situaciones y las personas que aparecen, por múltiples detalles que nos hablan. El relato...




