"Señor, dame de esa agua" (Jn 4, 5-42)
Este domingo, y los dos que siguen, escuchamos tres capítulos del Evangelio de San Juan, que centraban tres catequesis para los que se iban a recibir el bautismo en Pascua. Nos descubren quién es Jesús para nosotros: Agua Viva, Luz del mundo, y Resurrección y Vida. Nos invitan a encontrarnos con Él, que nos busca, como buscó, con insistente delicadeza, el diálogo con aquella samaritana. Juan nos presenta un Jesús humano: cansado, sediento... Y a la vez, con la capacidad que Dios tiene para saltar fronteras (entre varones y mujeres, entre judíos y samaritanos...), para tocar y decir la verdad de la persona (" me ha dicho todo lo que he hecho ") sin condenar; para superar los conflictos, llevando las cosas a un plano más profundo ("el sitio donde se debe dar culto …"), para ofrecer un agua que " salta hasta la vida eterna ". Jesús se acerca pidiendo, y lo hace para dar, para ofrecer el don de Dios (tantas veces lo hace así...). El Evangelio nos habla de sed...






