¡Animo, Soy Yo. No tengáis miedo! (Mt 14, 22-33)
Tras atender a la multitud hambrienta, Jesús se retira a la soledad que estaba buscando. Ante la necesidad, lo pospuso, pero después volvió a ese espacio de oración, de encuentro con el Padre. En ese clima de oración podemos nosotros contemplar este evangelio. Habla también de nuestras noches, de nuestro navegar por la vida, a veces sacudido por olas y vientos contrarios. Habla también de nuestros miedos. Y de nuestros, fantasmas, esas cosas que nos asustan y que (en todo o en parte) son fruto de nuestra imaginación, de nuestra mirada insegura. “ Ánimo, Soy Yo, no tengáis miedo ” Se nos invita a guardar en el corazón estas palabras. Podemos aventurarnos hacia otras orillas, y afrontar la noche, porque Él viene siempre a nuestro encuentro cuando lo necesitamos. Manifiesta su poder de maneras sorprendentes, y extiende su mano para salvarnos (ese “ brazo extendido ” del que habla tantas veces también el Antiguo Testamento). Él nos acompaña también en medio de la ambigüedad de ...









