“Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad…” (Mt 9, 36 – 10, 8)
El Evangelio, hoy, nos invita a participar de la mirada de Jesús. Una mirada que no se pierde en el anonimato de la muchedumbre, una mirada capaz de percibir los sentimientos de las personas. La de Aquél que es com-pasivo: ha venido a "padecer-con" nosotros, a compartir nuestros sentimientos y nuestra vida. Lo hace, además, para que nuestra vida no sea " pasiva ": Él viene a nosotros para transmitirnos libertad, iniciativa creadora. Una mirada que descubre posibilidades. En ese gentío cansado y desorientado " como ovejas sin pastor ", Jesús percibe un campo maduro, como las mieses en este tiempo de cosecha. Y hacen falta personas dispuestas a trabajar para recogerlo, para que no se pierda. Las respuestas a las inquietudes y anhelos, al hambre de nuestro tiempo, están también entre nosotros, esperando ser despertadas. La mirada de Jesús conecta con las personas, y llama. Nos invita a compartir su vida, su misma misión. Al recordar los doce apóstol...






