"Yo estoy con vosotros todos los días..." (Mt 28, 16-20)
Contemplamos a Jesús la derecha del Padre, participando de su gloria. Jesús, hombre verdadero, que anunció el amor del Padre, haciendo el bien y sanando (Hch 10, 38), que lavó los pies de los discípulos, aquél que entregó su vida en la cruz, se manifiesta plenamente como Dios. Y Él es la plena revelación de Dios para nosotros. El mismo que contemplamos despojado de todo en la cruz, participa del poder de Dios en el cielo y en la tierra. Un poder que no se ejerce como imposición. Un poder que es capacidad de crear y dar vida. Que abre caminos nuevos para nosotros. Y, aunque no sabemos bien cómo, conducirá nuestra historia -la de nuestro mundo y la de cada uno de nosotros- a la Vida, a la plenitud. Como aquellos discípulos, nos acercamos a Él con actitud de adoración, y también con nuestras vacilaciones y debilidades. Y Él se acerca a nosotros. Y nos envía a ser testigos y continuadores de su obra y de su palabra. Contemplamos a Jesús, pero no para quedarnos " plantados...






