“Un pueblo que produzca sus frutos” (Mt 21, 33-43)
El canto de Isaías y la parábola del Evangelio, esbozan la historia de Dios con su pueblo, que se niega a dar los frutos que se le piden, maltrata a los profetas, y llegará a matar a Cristo, el Hijo que Dios envía. No es sólo la historia de Israel. En nuestro mundo aparece lo que el profeta denuncia: " esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada. Esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos " (Is 5,7). Esta historia nos interpela a todos, pues en cada uno está la capacidad de dar buen fruto, o dejar que ese fruto se estropee. El evangelio ofrece una clave: la disposición a dar fruto, frente a la tentación de querer apropiarse de todo. S. Francisco de Asís (cuya fiesta celebramos este domingo), nos recuerda que todo cuanto tenemos, lo hemos recibido de Dios: no sólo los bienes materiales, sino también nuestras cualidades personales, y la misma vida. Y cuando pretendemos apropiarnos de ello, quedárnoslo sólo para nosotros, lo estropeamos. Nuestra vida da...








