El que pierda su vida por mí la encontrará (Mt 10, 37)
Las palabras de Jesús, hoy, tienen como contexto el envío evangelizador, que conlleva identificarnos con Jesús (" el que os recibe a vosotros, me recibe a mí "), y la hostilidad del mundo a su mensaje. También la forma de hablar judía, tajante y radical. Conviene comprender su sentido. No es que el amor de Dios entre en " competencia " con el amor a la familia. Dios nunca es rival del ser humano. Él ama a cada persona más incluso que sus padres o sus hijos. La primacía del amor a Dios no " hace de menos " los otros amores, sino que los ordena, y los ayuda a crecer en plenitud. Desde Dios, el amor a los padres, a los hijos, a los cónyuges, los hermanos... crece en vitalidad, en capacidad de compartir, en horizonte y apertura hacia los demás, en libertad para no atrapar... Con todo, a veces hay conflicto. Entre los primeros cristianos, hubo quienes sufrieron el rechazo de sus familias por su fidelidad a Cristo. Tuvieron que elegir. Eso sigue ocurriendo...






