“Venid a mí: escuchadme y viviréis” (Is 55,3. Mt 14, 13-21)
“ Oíd, sedientos todos… venid a mí: escuchadme y viviréis ” Estas palabras del profeta Isaías nos preparan hoy para acercarnos a Jesús en el Evangelio. Y también las palabras de S. Pablo: “ ninguna criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rom 8, 39) El amor misericordioso, mueve a Jesús. Mateo nos dice que, en ese momento, Él buscaba un momento de soledad para “encajar” la muerte de Juan el Bautista (víctima del despotismo de Herodes y las intrigas de Herodías). Pero al encontrarse con la multitud que lo busca, se compadece, y responde concretamente ante las necesidades: cura a los enfermos, se da cuenta de que necesitan comer… Señala también la unión de Jesús con el Padre: levanta la mirada al cielo, bendice el pan… Y asocia a los discípulos a su misión. Frente a la tentación de inhibirse, por la precariedad de medios (“ aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces” ), los llama a poner en juego lo que tienen, a compartir, ...









