“No tengáis miedo” (Mt 10, 26-33)

Cuando Mateo escribe el Evangelio, han comenzado las persecuciones. La comunidad cristiana ya sabe que la fidelidad a Cristo puede costar la vida. En ese contexto, Mateo recoge estas palabras de Jesús, que llaman a una fidelidad –y una confianza- radicales: “no temáis, pues vosotros valéis más que los gorriones”.

Son palabras actuales. Hoy, millones de cristianos (¡sí, millones!) viven en peligro o sufren discriminación por su fe: en el Sahel (Burkina Faso, Nigeria…),  en muchos países islámicos (Pakistán, Arabia Saudí…), en regímenes totalitarios (Nicaragua…). Sigue siendo necesario (quizás hoy más que nunca) trabajar por el respeto a la libertad de conciencia.

“No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma…” La fidelidad de tantos cristianos en medio de la prueba, nos llama a tomar conciencia de la seriedad de vivir nuestra fe. Es preciso comprender las palabras de Jesús: “a quien me niegue ante los hombres, lo negaré yo también ante mi Padre”, que tienen la radicalidad del lenguaje judío de entonces, y se matizan con los hechos de Jesús (su perdón y rehabilitación de Pedro, que lo negó tres veces). No se trata de tener miedo a Dios, que sempre está dispuesto a responder “con la bondad de su gracia, por su gran compasión” (salmo 68). Es tomar conciencia de que, si nos dejamos arrastrar por el mundo, renunciando a Cristo, nuestra vida puede irse vaciando de sentido, podemos irnos perdiendo, sin casi darnos cuenta. Si nos alejamos de Él, nos alejamos de la Vida.

La raíz de esa fidelidad es la confianza. “No temáis”, dice y repite Jesús. No podamos evitar, a veces, el sentimiento de temor (los sentimientos no se pueden cambiar simplemente a fuerza de voluntad), pero sí podemos evitar que el miedo nos gobierne. Y al hacerlo, crecemos en libertad.

Hay, además, razones para confiar: aunque a veces parezca que la mentira triunfa, la verdad siempre se abre paso (“la verdad padece, pero no perece”, decía Teresa de Jesús): ”nada hay escondido que no llegue a saberse”.

Y, sobre todo, Dios no se desentiende de nosotros: "hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados". De forma misteriosa, Él cuida de nosotros.

En este día en que Jesús repite "no temáis", podemos preguntarnos por nuestros temores. Ponerlos ante Dios, para que nos ayude a afrontarlos. Y preguntarnos por la forma en que hoy podemos "pregonar desde la azotea", hacer presente en el mundo la verdad que Dios va susurrando en nuestro interior y entre las oscuridades y luces de nuestro camino.  


Actualidad sobre la Iglesia necesitada y perseguida

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