"Yo soy el camino y la verdad y la vida" (Jn 14, 1-12)

 


Hoy escuchamos parte del diálogo de Jesús con sus discípulos en la Última Cena, después lavar los pies de los discípulos y expresar su mandamiento nuevo ("que, como yo os he amado, así taos améis también vosotros, los unos a los otros", Jn 13,34), y aludir a las negaciones de Pedro y la traición de Judas. El mismo Jesús que dice "no se turbe vuestro corazón", es el que un momento antes, "se turbó en su interior" (Jn 13, 21). Él también conoce el miedo, la inseguridad, el desconcierto, que a veces no podemos evitar sentir. Él "va delante", como pastor (Jn 10, 4). Y nos invita a no dejar que esos sentimientos se instalen en nuestro corazón y nos gobiernen. Nos invita a la fe y la confianza. 

Jesús habla de la vida eterna ("para que donde esté yo, estéis también vosotros"), y la presenta como un estar con El, compartir su vida. Algo que ya empezamos a pre-gustar en esta vida, pero va más allá de lo que podemos conocer. Podemos, tal vez, reconocernos en la pregunta de Tomás "no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?". 

Y Jesús mismo se presenta como Camino. Y como Verdad y Vida. Estas palabras tienen diferentes niveles de sentido. Vale la pena dejar que resuenen en nuestro corazón, meditarlas.  

De entrada, tienen una referencia muy concreta: ese Jesús que ha lavado los pies, que va a entregar su vida en la cruz, es el camino que hemos de seguir. Ese amor que se hace servicio y entrega es la vida verdadera.

Jesús (su enseñanza, su persona, también su presencia en la Eucaristía) es una verdad que vamos descubriendo, y una vida que se nos comparte en un camino, porque somos incapaces de abarcar toda la verdad en un solo paso, en un momento. Jesús es camino (a la vez que es guía y meta). Y nos va llevando a la verdad y la vida. A la vez, es verdad que nos ayuda a vivir auténticamente. Y es vitalidad que da sentido al camino y da calor humano a la verdad... En Él vamos descubriendo a Dios, con Él podemos ir también comprendiendo nuestra vida y orientándola a plenitud.  

Estando una vez en oración (...) se me dio a entender una verdad, que es cumplimiento de todas las verdades; entendí el gran bien que hay en no hacer caso de cosa que no sea para llegarnos más a Dios, y así entendí qué cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad. Esto que entendí es darme el Señor a entender que Él es la misma Verdad”.
            Esta Verdad que digo se me dio a entender, es en sí misma Verdad, y es sin principio ni fin, y todas las demás verdades dependen de esta Verdad, como todos los demás amores de este amor, y todas las demás grandezas de esta grandeza; aunque esto va dicho oscuro para la claridad con que a mí el Señor quiso se me diese a entender. ¡Y cómo se ve el poder de esta Majestad, pues en tan breve tiempo deja tan gran ganancia y tales cosas imprimidas en el alma!
           Santa Teresa de Jesús, Vida, 40, 1-6

Traer un ordinario apetito de imitar a Jesucristo en todas sus obras, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como él se hubiera” (S. Juan de la Cruz. Dichos de luz y amor)

 


Cuando Jesús dice "Yo soy...", conecta con aquel “Yo soy” con el que Dios se reveló a Moisés (Ex 3, 14). Jesús revela al Padre, y se muestra Él mismo como Hijo de Dios. Él, para nosotros, es pastor, puerta, luz, agua viva…

Y se revela en las obras. Obras de vida: curar, devolver la vista, rehabilitar las personas…  Ese es el toque de autenticidad de Dios. Él sorprende, te puede llevar incluso donde no pensabas. Pero te lleva a donde realmente quieres ir, te lleva a Vida.

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