"El Espíritu de la Verdad" (Jn 14, 15-21)
Continuamos escuchando las palabras de Jesús a sus
discípulos, en la Última Cena. Jesús se está despidiendo. Ya no estará con
ellos físicamente. Pero seguirá acompañándonos. Jesús habla de una presencia en
la ausencia, difícil de explicar con palabras, pero intensa y real, más aún,
vivificante: "el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis".
Empieza así a anunciar al Espíritu Santo. Y habla de Él como
el Paráclito (el que acompaña, para defender, para interceder y
amparar, para ayudar, para infundir ánimo y luz...). Es presencia
espiritual. Por tanto, no podemos percibirlo y controlarlo con la
exactitud de las cosas físicas. Sobre todo, es presencia que infunde vida.
Jesús habla de él como el Espíritu de la Verdad, aquél que nos "guiará
hasta la verdad plena" (Jn 16,3): Verdad siempre mayor que nosotros,
verdad que es vida y crea vida.
Es presencia por el amor, que nos une a Jesús, y con Él, al
Padre. Adhesión a Él, que une nuestra voluntad con la suya, y que, por eso, se
expresa en ese "guardar sus mandamientos". Y estos mandamientos se
resumen en que "como yo os he amado, os améis unos a otros" (Jn 13,
34). No se trata de normas impuestas desde fuera, ni de una condición externa,
sino de una condición interna. Es “sintonizar” con Dios, situarnos de
manera que podamos acoger y comprender su presencia y su palabra (me revelaré a
él…)
De los frutos de ese ver a Jesús, acoger la Verdad, y ser
acompañados por su Espíritu, nos hablan las otras dos lecturas. La primera nos
cuenta cómo el Evangelio desborda los límites de Jerusalén y llega a Samaría,
llenando la ciudad de la alegría y la fuerza sanadora de Jesús, que Pedro y
Juan confirman. La carta de Pedro nos ofrece un mensaje actual: "dar razón
de vuestra esperanza a todo el que la pidiere, con delicadeza, y respeto y en
buena conciencia", como palabra que no siempre conlleva el éxito ("también
Cristo murió") pero nos hace capaces de hacer el bien incluso cuando nos
toca padecer, y es promesa de vida definitiva.
El Espíritu "vive con vosotros y está con vosotros".
¿Cómo hacernos más conscientes, cómo escucharlo mejor, cada uno de nosotros y como
comunidad? ¿Hacia dónde me impulsa?



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