“Se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24, 13-35)
En esta mañana de Pascua, S. Lucas nos invita a descubrir a
Jesús como compañero de camino.
En el relato de aquellos dos discípulos de Emaús, Lucas
cuenta también la historia de la primera comunidad cristiana: “lo que les había pasado por el camino, y
cómo lo habían reconocido al partir el pan”. Una experiencia de Jesús que
se hace especialmente fuerte en la Eucaristía. Experiencia de que Él los ha acompañado
(“entró para quedarse con ellos”), aunque
muchas veces “sus ojos no eran capaces de
reconocerlo”, y no se le puede retener ni controlar (“se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su
vista”). El mismo Resucitado los iluminaba, y les ayudaba a comprender la
Escritura, y el sentido de cuanto habían vivido con Él, incluida la cruz (“¿no ardía nuestro corazón...? … les explicó lo que se refería a Él en todas
las Escrituras”)
“Aquel mismo día (el
primero de la semana)” es también hoy, y esta historia puede ser la tuya.
Jesús se acerca también a ti y camina contigo. Se interesa por tu vida, con sus
desencantos, inquietudes y frustraciones. También es capaz de encender tu
corazón y ayudarte a comprender, a vivir tu realidad. Porque la Escritura no es
un libro ajeno a ti, sino algo escrito para ti: para darte luz en lo que te
toca vivir, y llevarte al encuentro con Cristo.
En este relato de encuentro, el Evangelio nos ofrece hoy
varios puntos de conexión con Cristo: la Escritura, la Eucaristía, la acogida,
y la comunidad, a la que regresan aquellos discípulos, aun en medio de la noche
(sin otra luz y guía, sino la que en el
corazón ardía…) para compartir el testimonio, la alegría, la presencia de
Cristo.
¡Quédate con nosotros,
Señor!



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