“Como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn 13, 34; Jn 13, 1-15)

 


La celebración de la Cena del Señor nos introduce en el Triduo Pascual. Celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor para entrar en este misterio: para acercarnos más a Jesús, para empaparnos de su amor. Para dejar que Él ilumine nuestra vida (también tocada por la muerte), e ir entrando en la Vida Nueva que Él, el crucificado y resucitado, nos comunica.

En la Última Cena, Jesús comunica a sus discípulos (a nosotros también) lo esencial de su vida y de su misión. Y nos deja, como legado, este mandato: “Que, como yo os he amado, así también os améis vosotros los unos a los otros”.

El Evangelio de hoy lo expresa con un gesto lleno de humildad (lavar los pies a los visitantes, era tarea de esclavos), y a la vez, de solemnidad. Las palabras de Juan resaltan la importancia de este gesto y lo ponen en el contexto de la Pasión (“había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre”), como expresión de lo que significa. Tiene también un sentido sacerdotal: Jesús sabe “que había salido de Dios y a Dios volvía” y “que el Padre le había puesto todo en sus manos”.  Y Él va a ofrecer todo, entregando por amor toda su vida, en actitud de servicio, hasta la muerte en la cruz.

Jesús, a la vez, es consciente de la dura realidad que se avecina. Lucas al narrar esta Última Cena, habla de una crisis en la que todo se tambaleará (“Satanás os ha reclamado para zarandearos como trigo en la criba” Lc 22,31). Y poco después, en Getsemaní, aflora la agonía que Jesús vive en su interior.

Jesús hace este gesto de amor también en medio de esa crisis y esa agonía. Lo hace apoyado en el Padre en quien confía, quien le sostiene.

Y nos invita a vivir desde esta confianza, también en medio de nuestras dificultades y crisis. El fundamento de nuestra capacidad de amar es ese “como yo os he amado”, más fuerte que nuestras fuerzas y que nuestras debilidades. Necesitamos, como Pedro, dejarnos lavar los pies por Jesús (¿cuántas cosas necesito que Él lave en mí?). Necesitamos dejarnos tocar por su amor en toda su hondura. Para ir siendo capaces de amar como Él.

La Eucaristía de hoy nos recuerda que toda Eucaristía es memoria de la vida de Jesús, entregada en amor y servicio humilde hasta la Cruz, y de la Vida Nueva que nos transmite. Nos invita alimentarnos de Él, para apoyarnos en su amor. Nos introduce en el Misterio Pascual, con un mandato: “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 24) y una pregunta: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?”



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