"Ahora es el día de la salvación" (II Cor 6, 2; Mt 6, 1-6.16-18)


 Hoy, Miércoles de Ceniza, comenzamos la Cuaresma: un itinerario interior para unirnos a Cristo, para vivir con hondura y con fruto la Pascua. 

El rito de la ceniza es un gesto sobrio y lleno de significado. En un mundo fascinado por la imagen, el lujo, los placeres... en un mundo de prisas y superficialidad, que parece consumir y convertir todo en ceniza, denunciamos el vacío. Planteamos una pregunta: ¿qué queda de todo lo que hacemos, lo que vivimos, lo que buscamos? 

Conectamos con el deseo profundo que hay en nosotros de una Vida que pueda arder y dar luz sin "quemarse", que llene verdaderamente. La que María Magdalena, Pedro, Juan, Santiago... encontraron en el Resucitado. Hacia ella queremos encaminarnos, con especial intensidad, en esta Cuaresma.

El evangelio de hoy nos habla del ayuno, la oración y la solidaridad (o limosna, como se decía en tiempos de Jesús). Nos advierte de la tentación de vivirlos de manera superficial (¡también la espiritualidad puede ser superficial!), como una proyección de nosotros mismos, un "engordar" nuestra imagen. 

El Papa León XIV, con su mensaje, nos ofrece una clave de comprensión: la escucha, que es hacer espacio al otro y a Dios. 

Desprendiéndonos del "yo" para hacer espacio al tú, podemos ejercitar una solidaridad discreta, donde la persona a la que ayudamos crece, y puede también compartir vida con nosotros, enriquecernos. Una oración como atención amorosa al Padre, que ilumina lo escondido de nuestra vida y nos puede recompensar llenándonos de su vida; un ayuno que no es "demostración de ascesis", sino cultivar el hambre de Dios, lavar nuestras autosuficiencias y lo que nos intoxica y contamina, y prepararnos al encuentro con El. 

Mensaje del Papa León XIV para esta Cuaresma

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

Programa de Cuaresma




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