"Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el Labrador" (Jn 15, 1-7) S. Isidro, Labrador, patrono de Madrid
Isidro, vecino de una aldea que conocía
el riesgo de la frontera con Al-Andalus, hoy es patrón de una urbe de tres o
cuatro millones de habitantes. ¿Qué puede decirnos aquel labrador del siglo XII
a los habitantes de esta ciudad cosmopolita y compleja?
Como el amor que vivieron él y Santa
María de
Como la confianza en Dios y la oración.
No creo que vayan a venir los ángeles a ararnos los campos, como
cuenta una piadosa tradición. Pero sí creo que no todo depende de
nuestras fuerzas. O dicho de otro modo: que no todo es fuerza, dinero, poder,
astucia. Hay realidades que despiertan y se construyen desde el amor y la fe,
desde Dios.
Como la solidaridad. Aquella casa de
Isidro abierta a los pobres, tal vez nos dice que nuestra identidad tiene que
ver con la apertura, la generosidad, la capacidad de acoger.
En fin, celebrar esta fiesta nos invita a labrar nuestra vida, a esforzarnos en abrir surcos en nuestra tierra para que la palabra de Dios, su vida, germine y vaya dando frutos.
Un caminante llegaba a las puertas de una
ciudad, y había allí canteros trabajando la piedra, con sus manos curtidas
por la dura labor.
Pregunta al primero: "¿qué haces?" Y éste, sin levantar apenas
la mirada, dice: “pico piedra”. En la amargura de su voz se siente la fatiga,
las heridas en las manos, la paga miserable...
El caminante, unos metros más
allá, interpela a otro cantero: "¿qué haces?" Y éste lo mira y responde: "gano el
sustento para mí y mi familia". Su tono de voz es sereno, aunque en sus manos
hay las mismas cicatrices y en sus hombros la misma fatiga, para una paga
igualmente escasa.
El peregrino aún habla con un tercer cantero -las manos
también heridas, y el cansancio del día- "y tú, ¿qué haces?" Y éste, levantándose
por un momento de su trabajo, sonríe diciendo: “construyo una catedral”.
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